Laboratorio de Música Libre

El próximo viernes 14 de agosto comenzará el Laboratorio de Música Libre, en el HS Rancho Electrónico. Este laboratorio será un proyecto piloto para constituir un grupo de trabajo permanente en el Rancho. La invitación es abierta a todx aquél(la) interesadx. Como siempre, entrada libre, cooperación colaborativa.

Los sonidos del cuerpo migrante

Parte 1

SONY DSCCada viaje es una migración. Uno siempre lleva consigo su cuerpo cuando viaja. El cuerpo muta en cada tránsito, deja correr aires distintos por sus entrañas, y al mismo tiempo deja en su recorrido rastros imborrables de su paso; recibe y otorga, consume y desecha, se alimenta y nutre los caminos que le sirven de suelo.

El cuerpo, en su viaje, produce ruido y se enfrenta a lo ruidoso: a los sonidos que los caminos que lo reciben no saben de antemano descifrar, y al previo sonar, en un primer momento incomprensible, de los lugares que el migrante descubre en sus andanzas. Cada paso por un lugar es un proceso de aprendizaje, un jugar a dar sentido a lo que antes no lo tenía, un incorporar a la música del paisaje, al previsible sonar de los pasos cotidianos, los ruidos que se generan cuando el peatón inmigrante, incómodo por sorpresivo, se encuentra con la tierra desconocida.

El viaje que nos atañe es uno que ha producido mucho ruido. Hemos volado sobre muchas fronteras; sin darnos cuenta, hemos recorrido el camino que ha llevado a muchos cuerpos migrantes a la muerte, a muchos otros al exilio, y a otros más a encontrarse con el sueño, bueno o malo, que habría de marcar su destino.

Estas notas son un testimonio, un esfuerzo por verbalizar algunos de los ruidos que han surgido de esta migración. Nos hemos trasladado desde México hasta Portland, desde Portland hasta Greeley, y hemos sido objeto de sonidos extraños que, a fuerza de no poder ser expresados con palabras, han terminado por corporalizarse y confundirse con nuestros propios ruidos.

A continuación, tres fragmentos de lo que nuestros cuerpos han sufrido en este tránsito.

Ha entrado usted a una Zona de peligro: Cuerpo, autonomia y la paradoja del sexo duro

Taz sexo duro

TAZ: Zona temporalmente autónoma, espacio utópico que propone Hakim Bey en su artículo denominado de la misma manera. 
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Zona que se define como algo invisibilzado, zona de  desaparición constante, de nomadismo. Inspirada en utopías piratas y en un ideal de “vivir la libertad sin control político”, la TAZ lleva al autor a cuestionar la permanencia de una revolución y a privilegiar el concepto de revuelta o insurrección por su corta temporalidad, por la imposibilidad de un cruce con el Estado debido a una fugacidad que la vuelve abstracta. La TAZ es una fiesta donde las ideas del anarquismo tienen cabida. 
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¿Pero cómo imaginar la TAZ en nuestra vida cotidiana? ¿Cómo hacer de este concepto un verdadero camino de experiencia, y no solamente un juego intelectual que, por interesante que sea, puede resultar en la prá

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Música libre: crónicas del monstruo liberado

New Order Substance 1987

Los cuentos infantiles, los mitos, las crónicas de viajes, nos hablan de realidades cotidianas, de construcción de imaginarios que representan dualidades milenarias: la vida y la muerte, el deseo y la prohibición, la libertad y la opresión o sumisión del ser humano hacia su propia sombra enrarecida.

Hablando de música, pensemos en el cuento del flautista de Hamelin. En aquella historia que ha acompañado las fantasías y abonado el inconsciente de tantas generaciones, el apuesto héroe fálico libera al pueblo hamlinés de la plaga que lo aquejaba. Pero ante la falta de pago, el flautista somete al pueblo a su magia musical, privando a los habitantes de aquella población de su propio futuro. Si los hamlineses no cumplían con la plata prometida, los niños morirían en la cueva y el oportunista buscaría nuevas ratas a las cuales ahuyentar, con el fin de someter a sus siguientes pueblos.

Otra historia que es común entre “músicos libertarios” es la del lirista griego Orfeo, quien además de haberse liberado de las impúdicas sirenas al haber ganado contra ellas un concurso musical, fue capaz de conmover con sus encantos sonoros a los dioses del Averno. En el conocido mito, nuestro héroe rescata a su amada del inframundo con los poderes alienantes de su lira; pero al final de su trayecto rescatista, la pierde nuevamente por haberla mirado antes de salir de los terrenos del Hades. Euridice se evapora entonces ante los ojos de su amado, y la música de Orfeo, supuestamente capaz de lograr la liberación, resulta en realidad un instrumento impotente ante los designios déicos. Su poder estaba, finalmente, condicionado a la lucha contra enemigos sobrenaturales que, aunque decían conmoverse, realmente respondían a planes superiores que ni Orfeo ni su lira eran capaces de comprender.

Muy distinta a las anteriores es la historia narrada por Juan Rulfo, quien alguna vez contó que un pueblo oaxaqueño defendió su territorio con música de banda. Según nos cuenta el escritor mexicano, hacia los años de 1950 fue testigo de una guerra meramente musical entre los Mixes y los Zapotecos, en la que los primeros lograron detener una invasión de los segundos, tocando sin parar durante días enteros. No atreviéndose a traspasar la barrera ancestral que la banda musical imponía, los Zapotecos entendieron que la comunidad era más fuerte que las ansias de expansión territorial, y abandonaron con dignidad aquella lucha que se libró sin una gota de sangre.

¿A qué queremos llegar con tanto cuento? A decir que muchos de los problemas que tenemos en la actualidad son reflejo de un imaginario colectivo, un cúmulo de historias interiorizadas que nos hablan del individuo como unidad social y de la dominación como único medio de orden. Esto tiene que ver, por supuesto, con la relación que tenemos con la libertad, con la compartición, y con toda una serie de valores. Es así que las primeras dos historias, las que nos fueron contadas a muchxs de nosotrxs cuando éramos niñxs, nos hablan de un sentido de libertad condicionado por el poder, ya sea del verdugo patriarcal que posee los dones musicales, o del cínico dios que juega con la ilusión del músico dotado; la tercera historia, en cambio, nos muestra una noción libertaria que triunfa por ser comunitaria: si los Zapotecos se retiraron fue porque compartían con los Mixes una cosmovisión en la que la música era un espacio sagrado de convivencia humana, un arma pacífica capaz de revertir la privación y el dominio de unos sobre otros, de unir sin desgarrar, de hacer sonar el más profundo sentido de liberación humana. Pero esa historia, por supuesto, no nos fue contada en la infancia.

La industria musical, el Internet, los medios masivos, están hoy en día llenos de flautistas de Hamelin, de dioses del Averno, y de roedores, niños, eurídices y orfeos que juegan a liberarse, a evaporarse o a dejarse atrapar dócilmente por el villano. Pero también existen bandas mixes y pueblos zapotecos, que al liberar se liberan también de sus propias ambiciones. Es aquí donde la música libre entra en la jugada. Al privilegiar el bien común, al trabajar con software libre, al promover el uso de licencias permisivas y la implementación de formas colaborativas de trabajo, nos habla de una historia que aunque no nos fue contada es posible que escribamos nostrxs. Es verdad que la música libre es también un terreno de luchas, de incompletudes, de contradicciones que algunas veces son productivas y otras tantas constituyen meros engaños, pero en ese mar de ambigüedades navegamos y seguiremos navegando con tal de no hundirnos.

¿Pero qué brújula usar para saber hacia donde navegar, para tener al menos la certeza de que avanzamos hacia alguna dirección y de que el mundo ya no es plano ni cuadrado? ¿Cómo pensar críticamente el problema de la libertad en la música, con miras a distinguir los mecanismos que verdaderamente alimentan procesos de emancipación social, respecto a aquéllos que en nombre de la liberación nos atan con más fuerza?

Los campos del software libre y de la cultura libre son terrenos fértiles para echar a andar procesos de liberación que a lo largo de las tres últimas décadas han probado ser efectivos. Con sus principios de compartición, cooperación y libre utilización de recursos comunes, estos movimientos han tenido un impacto importante en las formas de producción cultural, y por supuesto también en la música. Sin embargo, es importante tener cuidado con no “pecar de Orfeo”, con no confundir la potencia que los movimientos vinculados con el software libre tienen, con maneras simplistas de llevar a la práctica lo que dichos movimientos plantean. Un ejemplo común de este tipo de reduccionismos es creer que el mero hecho de utilizar programas de software libre para editar, sintetizar o procesar música es un un paso decisivo para lograr la libertad artística, o pensar que por usar licencias Creative Commons se está generando automáticamente un nuevo modelo de economía. Ambas estrategias son, ciertamente, piezas útiles para dar forma al complejo rompecabezas que figura la libertad, pero sólo en la medida en que respondan a un proyecto integral de producción que en su conjunto se distinga del modo capitalista, es decir, de aquel que privilegia el bien individual y la propiedad privada por encima de los bienes comunes.

Esto se relaciona con lo que Michael Hardt y Antonio Negri proponen en su libro titulado “Bien Común” -Commonwealth-, en el que establecen tres ejes fundamentales que habría que seguir para consolidar un nuevo sistema productivo. Por una parte la horizontalidad, que se refiere a la distribución equitativa y la no centralización de los recursos y medios productivos; por otra la autonomía, que implica la capacidad de generar procesos culturales que no dependan de las empresas o de los gobiernos neoliberales; finalmente la cooperación, que pondera la libertad de que las personas se organicen para trabajar de manera colectiva, haciendo frente a las formas individualistas de generación, distribución y uso de los bienes culturales. Con estas tres medidas en mentes, es posible construir una música libre que verdaderamente sirva para imaginar en el acto, para hacer sonar de manera ruidosa, una nueva forma de comprender la relación del arte de los sonidos con la sociedad, con la comunalidad y con la tantas veces anhelada libertad creativa.

Cuando uno lee de niño un cuento o cuando escucha a sus abuelos narrar alguna historia, uno se identifica con personajes que quiere ser cuando crezca. Cuando uno crece, los personajes se incorporan a nuestra vida, se encarnan en nuestros vicios, se normalizan como hábitos que pasan por incuestionables, inamovibles, inevitables. Así la música creció con mitos de la infancia que forman parte de un inconsciente colectivo. Pero la magia del ser humano reside en su propia capacidad para reinventarse, y como él, su música es también capaz de recrear su propia condición, de replantear sus propias ansiedades o morir, al menos, en el intento. De acuerdo con Platón, el pecado de Orfeo estuvo en no haber sido capaz de morir por el amor de su amante, sino de haber preferido el mundo de la ilusión que la música terrena enarbolaba.

La libertad es quizás el valor que más ha sido perseguido por los hombres y mujeres desde tiempos antaños. En nombre de la libertad se han librado las guerras más sangrientas, pero también han germinado obras de arte, descubrimientos científicos, actos de solidaridad que son ejemplo de dignidad humana. Pero si algo queda claro es que la libertad no es un asunto fácil, sino un atentado contra aquello a lo que estamos acostumbrados. Soltar los lazos individualistas, poner en cuestionamiento nuestros principios estéticos y creativos, negociar con nuestro entorno pero sobre todo con nosotrxs mismxs, son todos ellos actos sacrificales para los que no siempre estamos listxs, y esto algo que debemos también tomar en cuenta. ¿Cuántxs de nosotrxs estamos dispuestxs a renunciar a la autoría exclusiva, al uso de sistemas computacionales a los que estamos acostumbradxs, a la lógica compositiva que triunfa en los concursos y en las becas, al reconocimiento individual que es un nutritivo alimento necesario para el ego?

Hardt y Negri reivindican en su libro a los monstruos. Haciendo eco de Deleuze, nos hablan de la importancia de dejarse transformar por lo monstruoso que habitan en nuestra propia potencia creativa. En los mitos y los cuentos infantiles, los monstruos son constantemente marginados y convertidos en algo indeseable, algo que debe ser negado y atacado para que la sociedad siga siendo lo que es. Pero nosotrxs no queremos que la música siga siendo privativa, ni queremos seguir sacrificando a nuestros niños con tal de venerar a los flautistas. Si hemos de concebir la libertad musical como un proceso revolucionario, habría que estar dispuestos a dejarnos sorprender por lo que seríamos si nos liberáramos de lo que también somos ahora. “La revolución no es para la corazones delicados. Es para monstruos. Uno tiene que desprenderse de lo que es para descubrir lo que puede devenir”. (Hardy y Negri).

Y en ese debate interno con lo monstruoso, la libertad se nos presenta como un proceso abierto, como un terreno ambiguo que debemos recorrer reconociendo nuestro propios límites y tiempos, pero sabiendo que sin autonomía, cooperación y horizontalidad será imposible hablar de un verdadero proyecto de libertad artística. Tomémonos el tiempo necesario, pero sin olvidar que el contexto social de privaciones y terror que vivimos hoy hace de la libertad un asunto urgente y prioritario que sirve, como dijera Eduardo Galeano a propósito de la utopía, de horizonte inalcanzable que sin embargo nos incita a caminar. La realidad contemporánea es también monstruosa, pero de una naturaleza muy distinta a la de la sirena bestial que nosotrxs queremos alimentar.

Si hemos de elegir con cuál monstruo bailar, hemos de escoger sin duda al monstruo liberado.

To Cut Out

(divagaciones alrededor de una obra de Iván Naranjo)

naranjo

Todo pensamiento emite un golpe de dados.
Stéphane Mallarmé

“NADA / HABRÁ TENIDO LUGAR / SINO EL LUGAR”. Así profesa Mallarmé en su último poema, al que hace referencia la obra To Cut-Out de Iván Naranjo. En ésta, el escucha está invitado a sumergirse en un entramado de sonidos distribuidos en veintidós canales diferentes; sonidos superpuestos de manera caótica que escapan a la ocasión de ser descifrables; sonidos que generan, como sugiere el compositor, “un espacio de inmersión densamente poblado en el que el escucha forme, a través de su percepción, sus propias constelaciones, haciendo de la escucha un acto poético.”

Un golpe de dados nunca abolirá el azar. Ése es el nombre del poema de Mallarmé que tantas preguntas ha provocado entre quienes reflexionan sobre la tensión entre el caos y la estructura, entre EL AZAR y la aparente contradicción que implica su determinación en el acto creativo. Precisamente, ésta es una de las preocupaciones estéticas que en los últimos años han sido recurrentes en el trabajo de Naranjo, quien se pregunta cómo construir espacios sonoros que se definan como indefinidos, que sean capaces de abrir un campo de posibilidades perceptivas simultáneamente infinitas y delimitadas. La clave para responder dicha interrogante se encuentra, para él, en el desplazamiento de la intención compositiva desde la “típica” determinación de sonidos y estructuras, hasta la programación de códigos o “maneras de funcionar” que determinan no el camino, sino la forma de caminar al interior de un espacio dado. En la creación de lo que el compositor denomina bordes flexibles, existe una identidad que se mantiene en cada una de las posibles versiones de la obra, aún cuando el resultado final es siempre distinto y siempre condicionado por combinatorias azarosas que, si en el caso de las piezas instrumentales son en parte resultado de la voluntad y la intuición de los intérpretes, en el de las obras electrónicas parece estar abandonado a un diálogo perpetuo entre la contingencia y la programación. Este último es el caso de To Cut-Out, obra electrónica cuyo borde flexible se manifiesta en dos niveles: el de los sonidos que recorren siempre “caminos” diferentes, pero siempre respondiendo a un PATRÓN de conducta determinado previamente por el compositor, y el de los escuchas que trazarán sus propias trayectorias pero siempre al interior de un entorno acústico aislado, diseñado finamente para convocar al oído a tener cierto tipo de exploraciones. Para vivir esta experiencia, es necesario entregarse al azar y penetrar, como incita Mallarmé, a “esos parajes de lo vago en que toda realidad se disuelve”.

¿Pero hay realmente vaguedad en los parajes de esta pieza, en el sentido de que el escucha pueda vagar libremente en ella?; ¿existe, al menos en potencia, una verdadera disolución de toda realidad predefinida que dé LUGAR a la contingencia, a un trayecto personal y azaroso que constituya una realidad única e impredecible?

Quentin Meillassoux, en su famoso análisis sobre el poema de Mallarmé, lanza una afirmación que sirve de detonante a la pieza que nos ocupa, al punto de tomar de éste el título. To Cut-Out: “cortar y desprender, con la mirada, una constelación de este esplendor sin sentido” (Q.Meillassoux). UNA CONSTELACIÓN, en este caso de sonidos, que a pesar de no buscar concretarse en un sentido vuelven significativo el acto poético. De acuerdo con Meillassoux, el gran enigma del Golpe de dados es saber si existe un enigma como tal, un código que pida ser descifrado, o si estamos ante un auténtico gesto de contingencia sensorial que no pretende la explicación ni permite el entendimiento. En plena reproducción del enigma mencionado, la pieza de Naranjo se ubica en un terreno de ambigüedad en el que el código se vuelve un elemento fundacional del acto creativo, aún cuando no existe posibilidad de que sea descifrado ni intención manifiesta de que sea percibido. El escucha atento, sin embargo, llega con frecuencia a intuir un “orden secreto de las cosas”, un borde flexible cuyas paredes permanecen imperceptibles, pero que dota de identidad y significación, aun irracional, al espacio constelar que se ofrece a los oídos. La intuición de lo inaudible es lo que estamos convocados a escuchar.

Escuchemos el silencio: una intención que se vincula claramente con las premisas artístico-filosóficas de la música experimental de mediados del siglo XX, particularmente de los compositores de la llamada Escuela de Nueva York, misma que estuvo conformada por personajes como John Cage, Morton Feldman y Christian Wolff, quienes dedicaron una parte importante de su obra a cuestionar los cánones del arte musical. Romper con el determinismo, el estructuralismo, y con toda una serie de barreras que se pensaban imprescindibles para la composición; ABOLIR las “clásicas” divisiones que separaban al compositor del intérprete y del espectador y que distinguían la música del sonido cotidiano, fueron las tareas prioritarias de este grupo de artistas, quienes tenían la libertad, la experimentación y el sonido-en-sí-mismo como principios estéticos centrales. “Escuchar el silencio”, propuso Cage en la década de 1950, y su propuesta no sólo fue bien recibida en Europa y América, sino que llegó incluso a reconfigurar la escena compositiva de “capitales musicales” como Darmstadt y París; sin embargo, con el tiempo sus ideas fueron supuestamente superadas o en todo caso subsumidas por la posmodernidad, haciendo de la experimentación y la escucha del silencio conceptos vaciados de la radicalidad y la resistencia que marcaron su surgimiento. Frente a esta situación, ha surgido una nueva generación de compositores que alrededor de figuras como Alvin Lucier, Ron Kuivila y Anthony Braxton se encuentran hoy en día actualizando los preceptos experimentales del siglo pasado. Y ésta es, precisamente, la generación a la que pertenece Iván Naranjo.

¿Pero qué es exactamente lo que actualizan estos compositores, y qué los distingue de la generación precedente de músicos experimentales? Como respondiendo a la pregunta anterior, To Cut-Out nos ofrece una reflexión acerca de los bordes de la experimentación musical contemporánea; un ensayo sonoro sobre fronteras fracturadas, sobre “rigores perforados” en los que el ruido convive con presencias sonoras de carácter más reconocible, formando en su conjunto una brumosa densidad que es al mismo tiempo metáfora y manifestación de lo desconocido: experimentación que establece las reglas, pero ignora la potencia poética de las mismas. Experimentación en el sentido de no saber de antemano el resultado, de no saber previamente el efecto de la apuesta y de ignorar, hasta no haberlos tirado, el NÚMERO resultante del golpe de los dados. No nos es suficiente el territorio conocido, no nos basta con repetir las mismas estrategias, y sin embargo requerimos de las viejas tradiciones para saber cuál es la ruta de la que nos estamos desviando. Entre los desvíos que distinguen a esta nueva generación de la precedente, quizás el más determinante es la porosidad, la anulación de separaciones estables entre música y arte sonoro, entre vanguardia y conservadurismo, entre ser un músico experimental y un compositor formalista. De ahí que Iván Naranjo, además de haber estudiado con Lucier, Braxton y Kuivila, ha tenido como maestros a compositores “más formales” como Brian Ferneyhough, Germán Romero y Erik Ulman, todas éstas influencias que exigen su lugar dentro del caos dialogante de esta pieza.

Entremos por un momento en el Espacio Experimental. Adentrémonos en la bóveda y entreguémonos al “esplendor sin sentido”, dejando surgir nuestras propias constelaciones. Escucharemos, quizás, un gesto fugaz proveniente de cualquiera de las veintidós bocinas que cubren las paredes, o posiblemente percibamos decenas de sonidos que viajan de un canal a otro sin seguir ninguna lógica reconocible, o bajo lógicas que suponemos pero no podemos comprender completamente. Podrán oírse ruidos fuertes o murmullos apenas perceptibles. Podrá ocurrir que ruidos fuertes nos impidan escuchar toda clase de sutilezas, o que la atención que prestemos a cierta sutileza nos prive de atender a algún ruido estridente. Texturas granulares o diseños rítmicos complejos, frecuencias graves, medias o agudas, que en algunas ocasiones desembocan en frases melódicas que en su escasez parecen accidentales. Incluso puede suceder, de manera sorprendente, que un silencio general nos lleve a cuestionar si verdaderamente estábamos inmersos en la total contingencia, o si existió desde el principio un orden que en un momento dado abandona su mutismo para “guiñarnos el ojo”. Cualquier combinación es posible para el código que se encuentra, en tiempo real, generando toda clase de silencios que son el revés de los trayectos constelares de cada espectador, en un ambiente acústico que no pretende ya la “mirada cortante” de Meillassoux, sino más bien una “escucha cortante” que de la densidad sonora extraiga una experiencia irrepetible. Aunque podría, igualmente, no pasar nada de eso, y el espectador podría simplemente encontrarse dentro de un paisaje “incaminable” en el que se sienta francamente perdido. Si esta pieza nos invita, finalmente, al pensamiento y reflexión de nuestra propia contingencia, habría que estar también dispuestos a que el secreto del sin-secreto no nos sea revelado. “Todo pensamiento emite un golpe de dados”, nos dice Mallarmé, por lo que no sabemos nunca cuál será el resultado.

Salgamos ahora del Espacio. Prestemos atención a los diversos sonidos y acontecimientos disímiles y azarosos que exigen nuestra atención, así como a los patrones inaudibles que apenas alcanzan a ser intuidos. Recordemos a John Cage, quien, siguiendo expresamente los pasos de Duchamp, consideraba que la música acontece no (sólo) en la sala de conciertos, sino en la vida misma, de un modo en el que el acto compositivo sirve no para crear nuevas realidades, sino para detonar un “cambio de mentalidad” que estimule la escucha de nuestro mundo cotidiano. ¿Está tomando Iván una postura similar, y sugiriendo, por lo tanto, que To-Cut-Off no es tanto una pieza que acontece en un espacio aislado, como una forma de escuchar las contingencias de nuestra vida? Por una parte sí, como comprueba el espectador cuando descubre que los sonidos que se entretejen en la instalación responden a lógicas inaudibles, a mezclas imprevistas y a gestualidades sonoras similares a las que escucha cuando sale del recinto; pero por otra parte, existe claramente una intención compositiva que se manifiesta en la cuidadosa programación de sonidos sintéticos, realidades ajenas al sonar de lo cotidiano, que se entretejen en complejas trayectorias espaciales que evidentemente son producto de la mente creadora. “Definitivamente es una música con aperturas, indefiniciones, libertades” -confiesa el compositor-, “pero no funcionaría si fuera totalmente libre”. Lo desconocido, la experimentación, la ruptura de las barreras que separan al arte de la vida, comparten sus bordes con el artificio controlado, con un rigor compositivo que, aunque sea “perforado”, nos sumerge en un espacio que tiene sus propias normas y que sólo funciona si las sigue estrictamente seguirlas.

¿Estamos, acaso, frente a una evidente contradicción, o más bien frente a una reiteración del diálogo entre posturas que se creían excluyentes, que requirieron de la mutua exclusión para ser en su momento definidas, pero que pueden hoy en día convivir y alimentarse mutuamente? “Esa indecisión, oscilación o problema irresuelto (tirar o no los dados) es también, según Meillassoux, la problemática de la poesía en tiempos de Mallarmé”. Así responde Iván Naranjo a esta pregunta, sugiriéndonos que la problemática del Golpe de Dados, la ambigua afirmación que es al mismo tiempo duda, sigue teniendo vigencia, aunque en un contexto diferente que entre muchas otras cosas se distingue por tener sus propios lenguajes.

To Cut-Off, además de ser una meditación sobre la experimentación sonora contemporánea, es un ensayo sobre el papel que tiene el código, como manifestación de una nueva forma de lenguaje, en la música y la sensibilidad de nuestro tiempo. El código que configura los espacios explorables, la máquina que mira vacilar al ser humano, el ser humano que, por medio de la máquina, escucha su propia vacilación y encuentra en ésta una esperanza y promesa de libertad, diálogo y apertura:

“EL PATRÓN / fuera de antiguos cálculos / en que la maniobra con el Tiempo olvidada / antaño empuñaba el timón / (…) / vacila / apartado del secreto que detenta”. (Mallarmé).

Quizás el aspecto más relevante de los que distinguen a esta nueva generación artística de la precedente, es el papel que la tecnología está teniendo como dadora de un lenguaje universal. Más allá del NÚMERO, el código informático nos sumerge en la infinidad y en la extensión desbordada de los límites perceptivos, pero bajo el riesgo de anular la diferencia lingüística. Mirando a Mallarmé nos escuchamos a nosotros; pensando el verso libre y la escritura simultánea, queremos descifrar la escritura binaria y entender las expresiones, aparentemente azarosas, que nuestras máquinas semióticas generan, siempre con la intención de escapar de lo establecido para crear libremente nuestras propias convenciones. ¿Pero cómo asegurarnos de que la expresión artística siga siendo un acto poético, y se mantenga humana y vacilante pese a todos los rigores y homogeneización de los lenguajes programados?; ¿cómo convocar a la intuición descifradora en un ambiente codificado para que el orden que nos sustenta no nos sea revelado?; ¿cómo evadir el maquinismo vacío y lograr un verdadero esplendor sin sentido? Aunque estas interrogantes tratan sobre un lenguaje que estamos apenas conociendo, en el fondo no son otra cosa que el eterno conflicto entre el PATRÓN y la libertad. Si cada era tiene sus maneras de problematizar, por medio del arte, los mismos conflictos permanentes, lo que esta pieza nos demuestra es que, pese al nihilismo y mercantilismo que marcaron el arte en décadas anteriores, nuestro siglo no será excepción a esta regla.

Si bien Iván Naranjo nos diría que su obra no persigue un único objetivo, podríamos decir, sin abusos hermenéuticos, que ésta tiene una intención general de ser un espacio para la toma de consciencia. En el caso de To Cut-Off, este “darse cuenta” se manifiesta en la invitación que nos hace a vacilar, a experimentar y a explorar, por medio de nuestra escucha, el reino azaroso de lo desconocido, para ampliar de esta forma nuestro umbral perceptivo. De acuerdo con el compositor, “el ofrecer una nueva experiencia para la percepción de alguna manera ayuda a abrir no sólo los oídos (u otros sentidos) sino las ideas mismas, el pensamiento; ayuda a desarrollar la capacidad de reflexión y a darse cuenta que las convenciones estéticas y sociales no son sino eso, convenciones que pueden ser traspasadas, perforadas, de que hay otras opciones y que podemos trazar nuestros propios caminos hacia espacios de mayor libertad”.

El PATRÓN, el NÚMERO, la CONSTELACIÓN y el AZAR, son conceptos mallarmelianos que resurgen en esta obra y que nos piden ABOLIR los prejuicios que nos impiden conocer un nuevo territorio. “Nada habrá tenido lugar sino el lugar”, y por eso no nos queda más que entrar en este Espacio Experimental y vivir nuestras propias experiencias. Fuera de antiguos cálculos, tiremos los dados y escuchemos la contingencia. Dejemos a la música sonar por ella misma.

D3SC1FR4M3_3ST4: la libertad necesaria

foto 5El pasado sábado 22 de noviembre, en el marco del Hackmitin 2014 en la ciudad de Querétaro, se estrenó la película D3SC1FR4M3_3ST4, documental realizado en su totalidad con software libre y bajo un sistema de creación colaborativa. Armstrong Liberado musicalizó la película, por supuesto utilizando únicamente software libre, y nos dimos incluso el lujo de realizar una musicalización en vivo para este estreno tan esperado. Una experiencia por demás memorable.

Sin embargo, pese a la gran experiencia que todo esto implicó, difícilmente pudimos concentrarnos durante el concierto-proyección de D3SC1FR4M3_3ST4, pues una hora antes del evento nos enteramos de que un colega cercano, Juan Daniel López Ávila, estudiante del bachillerato en el que trabaja Rubeavil, fue uno de los estudiantes que fueron arbitrariamente detenidos el pasado 20 de noviembre. Nosotras, nosotros, profesábamos una convicción por la música libre, mientras once compañerxs eran trasladadxs a penales de máxima seguridad en Nayarit y Veracruz. Frente a un gobierno que en su tambaleante desesperación utiliza la fuerza BRUTA para reprimir y censurar la protesta ciudadana, nuestrxs colegas perdían, precisamente, esa libertad que nosotrxs decíamos ganar al compás de nuestro ruido. Amarga contradicción que nos plantaba un dilema soberbio: o deteníamos nuestro paso, admitiendo que la situación del mundo y el país nos exigen la parálisis total, o buscábamos la manera de canalizar nuestro ejercicio libertario hacia caminos de emancipación que estén a la altura de los terribles acontecimientos.

Aunque el propio Richard Stallman ha repetido incontables veces que el software libre sólo es tal cuando contribuye a la construcción de una sociedad libre, los tiempos actuales nos confrontan, una y otra vez, con la pregunta de cómo generar de manera efectiva ese puente necesario entre las libertades tecnológica y social; entre un sistema de producción que garantiza el acceso, la modificación y la libre compartición de código informático, y uno que garantizara la libre circulación de las personas por el mundo, la expresión sin censura y la adecuación de las leyes a las necesidades reales de una población lastimada, dolida y desgastada por la impunidad y corrupción de los gobiernos privativos.

Mientras musicalizábamos el filme, Armstrong pensaba que la música libre tendría que ser un espacio para ejercer la libertad en el acto, pero también un lugar desde donde presionar al ejercicio de una libertad más amplia que estamos perdiendo los ciudadanos y ciudadanas del mundo, y en este caso particular lxs mexicanxs. Al grito rockdriguesco de nuestro segundo hogar, el Rancho Electrónico, cantábamos la urgencia de superar este tiempo de híbridos, no para anular la diversidad urbana sino para rechazar el “agandalle trasnacional” y la “desfachatez empresarial” que hoy en día gobiernan en México.

Un tanto avergonzados por no tener respuestas ante lo abrumante de los hechos, abrazamos al menos las preguntas que nos aquejan. Las convertimos en el sonido de colaboración, horizontalidad y transparencia que tanta falta hacen en nuestro mundo. Las transformamos en el ruido de indignación, en la demanda de justicia, en el grito de ¡Basta! que compartimos con tantas personas. Las convertimos en profecía de un futuro mejor, en exigencia de un presente distinto, en enérgica demanda de la LIBERTAD de Juan Daniel, así como de todas y todos los presos políticos de este gobierno inverosímil.

Ante las alas cortadas de una democracia raquítica, nuestro sonido retumbará en los oídos de la esperanza. Nuestra mirada está en otro momento, en otro lugar, en otra condición, mientras nuestros pies se aferran a una realidad que nos empuja a seguir haciendo ruido.

Liberemos a Armstrong. Liberemos a Juan Daniel. Liberemos a México.

AL

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AL COPYLEFT. Software y cultura libres dentro de las políticas progresistas de América Latina

Yo soy de México, un país en el que hace mes y medio entró en vigor una ley de telecomunicaciones que, entre otros desvaríos, legaliza la vigilancia comunicacional y exige a las empresas concesionarias la retención de datos personales por dos años, así como su entrega a las autoridades “competentes” sin necesidad de orden judicial, bajo el supuesto de que este sistema de rastreo masivo servirá para apoyar a la ya de por sí fallida estrategia de seguridad nacional. En un marco legislativo profundamente centralizado en el gobierno federal y en el monopolio de las redes de comunicación, no es de sorprender que no exista ningún artículo dedicado a las plataformas de operación de los sistemas digitales, ni mucho menos a la implementación específica de software libre como un medio para fortalecer la soberanía y eficiencia institucional de este país. Esta carencia, además de ser una manifestación del proyecto de privatización y presunta modernización neoliberal de las políticas de nuestro Estado, es un síntoma de la falta de interés en las experiencias del sur, concretamente en las de los países caribeños y sudamericanos que en la última década han protagonizado una toma de conciencia sobre la importancia de que la tecnología digital conforme un espacio libre, soberano y democrático, al servicio de un proyecto social que amalgame las posibilidades tecnológicas de nuestro tiempo con ese “nuevo descubrimiento del agua” que es la cooperación y la organización comunitaria. Toma de conciencia que ha nacido de las demandas ciudadanas y de los grupos activistas que trabajan “desde la base”, pero que desde hace algunos años ha sido también objeto de importantes reformas gubernamentales que, decepcionantemente, no sirvieron de ejemplo a la reciente reforma mexicana. Pero esa es, como dijera Michael Ende, otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.

La historia que en esta ocasión nos ocupa es la de este sur al que el gobierno de mi país no ha volteado todavía, pese a todo lo que de ésta tenemos por aprender. Aunque debemos aclarar que este artículo no pretende idealizar un proyecto que, ciertamente, está sujeto a toda clase de contradicciones y se desenvuelve al interior de complejos procesos políticos que aún están muy lejos de superar la centralización informativa, la brecha tecno-cultural y las adversas condiciones socioeconómicas que existen en cada caso, es importante reconocer los avances que países como Brasil, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Uruguay, Argentina y Cuba están teniendo en materia de software libre, reconocimiento que tendría que venir acompañado de un balance crítico sobre los beneficios y las limitaciones que la utilización de este tipo de tecnologías tienen en dichas naciones. Para entrar en materia, comenzaremos repasando brevemente el estado de la cuestión.

El gobierno de Brasil fue pionero mundial en implementar leyes y programas que priorizan el uso del software libre en la administración pública y en diferentes instituciones educativas y culturales. Este proyecto, que comenzó en el año 2002 en el estado de Rio Grande do Sul y posteriormente fue extendido por la administración de Lula da Silva a nivel del gobierno federal, actualmente constituye uno de los casos más exitosos en esta materia, aún frente al enorme reto que implica la implementación de leyes y medidas de migración al software libre dentro de un territorio tan amplio como el de esta nación.

En lo que respecta a Bolivia, destaca la llamada Ley General de Telecomunicaciones, Tecnologías de Información y Comunicación, mejor conocida como Ley 164, promulgada por el gobierno de Evo Morales en 2011. Concretamente, es de nuestro interés el artículo 77 de dicha ley, que indica que “los Órganos Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral en todos sus niveles, promoverán y priorizarán la utilización del software libre y estándares abiertos”. De acuerdo con el decreto reglamentario de la Ley 164, publicado en noviembre de 2013, la administración boliviana migrará a software libre de manera gradual en el lapso de los siete años posteriores a tal decreto.

Pasando a hablar de Venezuela, en 2004 se aprobó el decreto presidencial 3,390, en el que el gobierno de Hugo Chávez establecía el uso preferencial de software libre en toda la administración pública y en los programas de educación básica. Un aspecto relevante de esta ley es la promoción a adecuar los sistemas operativos libres a las particularidades culturales indígenas.

Ecuador, por su parte, también instituyó una ley presidencial que establece el software libre como política pública, misma que mediante del conocido decreto 1014 fue publicada en abril de 2008. Cabe agregar que desde los primeros meses de su mandato en 2006, Rafael Correa manifestó abiertamente su interés por este tema, y desde entonces ha sido un importante promotor de la soberanía digital y un abierto simpatizante del activismo informático, como se evidencia con el asilo político que desde la embajada de Ecuador en Londres ha prestado por dos años al creador de WikiLeaks, Julian Assange.

Siguiendo la misma lógica que los países anteriores, el gobierno de José Mujica en Uruguay implementó el año pasado la Ley 19,179, que además de establecer también el software libre como política de Estado y de promover su aplicación al campo educativo, exige a las diversas instancias gubernamentales que distribuyan a la ciudadanía su información en formatos libres y abiertos.

Argentina, un tanto atrasada en la aplicación de estas reformas, está actualmente considerando la creación de una ley de software libre que aplique en todo el país, para lo cual existe una propuesta que hace algunos meses fue girada al senado. Hay que decir, sin embargo, que la provincia de Santa Fe cuenta desde 2004 con la Ley 12,360 que establece medidas similares a las de los países antes mencionados, y que junto con las reformas brasileñas y venezolanas fue pionera en este escenario.

Finalmente, por el lado del Caribe tenemos el ejemplo de Cuba, que en el año 2005 inició un proyecto progresivo de migración de las instituciones públicas a software libre, mismo que en el 2012 tuvo un nuevo impulso que buscaba agilizar esta transición. Dado que el bloqueo económico a esta isla ha hecho difícil la actualización de equipo computacional, este es un caso en el que el uso de software libre se vuelve no sólo una conveniencia, sino una verdadera necesidad de generar programas compatibles con los equipos existentes.

Para coronar este recuento, leamos la siguiente declaración, que constituyó el ítem 45 de los 59 puntos firmados por los Estados del MERCOSUR en la reunión que sostuvieron el 12 de julio de 2013:

[Las presidentas y presidentes de Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Venezuela]

Apoyaron el desarrollo de software libre, que permitirá potenciar el desarrollo regional de soluciones en materia de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (TICs), a fin de lograr una verdadera apropiación, promoción del libre conocimiento y transferencia tecnológica, reduciendo la dependencia de soluciones provistas por trasnacionales del sector o por empresas no dispuestas a respetar las industrias nacientes de la región.

Afirmaron el interés de promover el uso de software libre en los programas nacionales destinados a la inclusión digital.

Ratificaron la necesidad de impulsar y fomentar la concreción de normas a nivel del MERCOSUR para la efectiva implementación de políticas de fomento de uso, desarrollo, implementación, investigación y transferencia tecnológica basados en el modelo de software libre.

Con esta referencia, podemos dimensionar la importancia que el tema del software libre está teniendo en la actualidad para varios gobiernos latinoamericanos, siendo así que éstos lo consideran como una vía efectiva para combatir la dependencia y para lograr una verdadera apropiación tecnológica y una promoción del libre conocimiento. ¿Pero cómo es que un asunto aparentemente técnico como la implementación de cierto tipo de software puede traer tal cantidad de beneficios sociales, al punto de tener la prioridad que está teniendo para los gobiernos de esta región? Para responder esta pregunta, es necesario considerar algunos rasgos generales no sólo del software libre como tal, sino también del movimiento social que subyace a este recurso.

En 1983, el conocido programador estadounidense Richard Stallman fundó el movimiento GNU, que comenzó como un proyecto de sistema operativo y aplicaciones informáticas “libres” que funcionaran de manera que el usuario tuviera cuatro libertades básicas: primeramente la libertad de utilizar los programas para cualquier propósito; en segundo lugar, la de estudiar el código de dichos programas y, en su caso, hacer modificaciones al mismo para adaptarlo a las necesidades del usuario; en tercero, la de copiar y distribuir libremente el software, sea de manera gratuita o bajo el precio considerado libremente por el distribuidor; y en cuarto lugar, la libertad de distribuir copias de versiones modificadas, contribuyendo de este modo al desarrollo tanto de los programas como de la comunidad que se genera en torno a éstos. Cabe agregar un aspecto adicional de la definición stallmaniana de software libre, que es el llamado principio copyleft, el cual consiste en el requerimiento de que todas las versiones derivadas de este tipo de programas mantengan, necesariamente, las cuatro libertades mencionadas, lo que implica que el código fuente debe estar siempre disponible para ser estudiado y modificado, y que no es posible imponer medidas de copyright distintas a las que garantizan esta definición. Sobre este último punto, hay que aclarar que el software libre se sustenta legalmente en una licencia llamada General Public Licence (GPL), que utiliza la legislación estadounidense del copyright para hacer uso del derecho que, como autores que son, tienen los programadores para decidir la forma en la que quieren compartir y restringir el uso de sus productos.

Un rasgo fundamental del software libre, enfatizado una y otra vez por el propio Stallman, es el hecho de que éste no tiene que ser necesariamente gratuito, pues su objetivo esencial es la libertad y no el precio o la gratuidad que se establezca para las copias del software. No obstante, al existir la libertad de copiar un programa y dar, además, acceso a su código fuente, lo más común es que el usuario tenga, aún en el caso de las aplicaciones que se distribuyen bajo cierto costo, la posibilidad de conseguirlas también de manera gratuita. En ese sentido, para que un proyecto de esta naturaleza pueda ser sustentable económicamente, e incluso constituirse bajo modelos comerciales, es fundamental generar comunidades que decidan pagar una cantidad que consideren razonable, aun a sabiendas de que podrían evitarlo, y aún bajo la consigna, muchas veces subrayada por este programador,de que el conocimiento y la información en sí mismos no pueden ser objeto de apropiaciones privativas, pues son recursos comunes que pertenecen por igual a toda la humanidad, por ser siempre resultantes de un bagaje cultural en el que todas las personas contribuyen. Este es, como puede suponerse, un tema complicado cuyo abordaje requeriría de un análisis que excede los objetivos de esta ponencia. Sin embargo, sí es importante dejar anotado que el propósito de este movimiento no es generar un repositorio de programas gratuitos, sino un sistema de producción que favorezca la cooperación y la compartición que, aunque difícilmente pueden ser oficialmente negadas como derechos sociales, son inhibidas por el sistema de producción capitalista que se ve manifestado en la privatización informática. Veamos lo que Stallman tiene que decir a este respecto:

Las computadoras modernas (…) tenían sus propios sistemas operativos, pero ninguno de ellos era software libre (…). Esto significó que el primer paso para usar una computadora fue prometer que no ayudarías a tu vecino. De ese modo, la comunidad cooperativa fue prohibida. La regla impuesta por los dueños del software propietario fue: “si compartes con tu vecino, eres un pirata. Si quieres hacer cualquier modificación a los programas, debes rogarnos para que nosostros la hagamos.iv

Enfrentar estos retos requiere de muchos tipos de esfuerzo. Pero lo que necesitamos por encima de todo, para confrontar cualquier tipo de reto, es recordar el objetivo primordial que es la libertad para cooperar. (…) Necesitamos el tipo de determinación que la gente tiene cuando lucha por su libertad y por su comunidad…

(Richard Stallman, Free software, free society, p.16,52)

Después de esta revisión general de los principales aspectos del movimiento stallmaniano, volvamos a nuestro tema central y preguntémonos de qué manera los gobiernos latinoamericanos están encontrando en esta clase de tecnología un campo efectivo para lograr espacios de libertad y para promover la cooperación y los procesos comunitarios. Para empezar, hay que observar que aunque dijimos ya que el asunto de la gratuidad no es el que define al software libre, al nivel de las administraciones estatales de un país ése es un elemento crucial que permite un ahorro económico bastante considerable, factor que ha sido determinante para que los gobiernos se convenzan de la conveniencia de migrar a este modelo y lo legitimen ante las diversas instancias ciudadanas y administrativas. Ahora bien, aunque en un primer momento el dejar de pagar licencias a corporaciones como Microsoft tiene un obvio impacto financiero, en el fondo esto tiene repercusiones mucho más profundas, pues rompe con un sistema de dependencia en el que empresas trasnacionales tienen el control sobre las plataformas en las que operan gobiernos presuntamente soberanos. Esto, además de condicionar la manera en la que las administraciones públicas se organizan, implica un riesgo nada desdeñable a la privacidad y a la seguridad nacionales, riesgo que frente a las revelaciones de personajes como Chelsea Manning, Edward Snowden y Julian Assange puso alerta a los gobiernos comentados, sobre todo en la medida en la que éstos, en diferentes medidas pero todos de manera explícita, se posicionan como antagónicos a la dominación estadounidense y a su imposición del capitalismo neoliberal como sistema global. Esta perspectiva queda clara en la siguiente declaración del ingeniero Allan Pierra Fuentes, jefe del Grupo Técnico Nacional para la Emigración al Software Libre en Cuba: “la transición al software libre en el empleo de las nuevas tecnologías es una prioridad inmediata para Cuba porque si continuamos utilizando programas de factura extranjera corremos el riesgo de ser atacados por enemigos de la Revolución”.

Un segundo beneficio que los gobiernos sudamericanos han encontrado en la migración al software libre, es la adaptación de sus sistemas informáticos a las necesidades específicas de cada proyecto. Esto, además de generar empleos locales y permitir que el mantenimiento y solución de errores de sistema se dé por parte de los programadores que trabajan en las propias instituciones, y no por técnicos enviados desde las corporaciones, ha dado lugar a que varios países generen sus propios sistemas operativos, sea para promover, como promulgara Hugo Chávez en el decreto 3,390, la adecuación de los sistemas a las necesidades etno-culturales, o para adaptarse a las condiciones tecnológicas de cada región. En el caso de Cuba, como dijimos ya, el bloqueo económico que Estados Unidos impone ha sido un elemento fundamental para llevar a cabo la programación del sistema operativo Nova, mismo que opera en computadoras que para Microsoft y Macintosh resultan obsoletas pero que en Cuba siguen siendo útiles. Lula da Silva, en un discurso que en la comunidad de programadores se ha vuelto emblemático, explica lo anterior de la siguiente manera:

Aunado a lo anterior, existe un tercer beneficio que se desprende del uso y la promoción del software libre desde las administraciones gubernamentales, y que consiste en la posible apropiación ya no sólo de las herramientas informáticas en sí mismas, sino del modelo económico y social que el software libre trae implícito en su manera de funcionar y que puede ser aplicado a diferentes ámbitos de la cultura. Para explicar este punto, el siguiente fragmento de un discurso de Hugo Chávez hablan por sí solo:

El discurso de Chávez es representativo de una manera amplia de entender las implicaciones que la apropiación y adecuación de la tecnología, la información y el conocimiento pueden llegar a tener. Partiendo de la máxima stallmaniana de que el conocimiento es un recurso común que no puede poseerse de manera privada, las palabras del dirigente venezolano dejan ver un aspecto esencial de este debate, que es el hecho de que hablar de información y de código es, en nuestros tiempos, hablar también de recursos naturales e incluso de la vida. Esto es especialmente evidente en campos como la ingeniería genética y la biotecnología, en los que los temas de la propiedad intelectual y el libre acceso al código cobran gran relevancia y son determinantes de la forma en la que estos saberes se aplican y distribuyen. Hay que reconocer, sin embargo, que pocos son los gobiernos que entienden a profundidad el impacto que los principios del software libre pueden tener en ámbitos tan diversos, y que aún cuando lo entienden no es fácil imaginar cómo esta concepción podría ser llevada con éxito a proyectos de administración pública a gran escala.

Llegados a este punto, es momento de invitar a nuestro drama a un nuevo actor que es el también estadounidense abogado Lawrence Lessig. Desde los primeros años de nuestro siglo, Lessig ha sido uno de los principales representantes a nivel mundial del denominado movimiento de cultura libre, el cual, bajo las propias consideraciones del abogado, es una iniciativa derivada del software libre y de la obra teórica de Stallman. En términos generales, lo que los activistas de la cultura libre proponen es extender las cuatro libertades del código informático hacia ámbitos tan diversos como el arte y los medios de comunicación, pasando por las patentes farmacéuticas y por la investigación académica, entre otras áreas de la cultura. Una de las propuestas teóricas que mejor describen a la cultura libre, es el libro de Lessig Cultura Libre, cuyo tema central es la propiedad intelectual, y cuyo argumento transversal es que las ideas en sí mismas no deberían ser objeto de leyes de propiedad intelectual, sino ser, en términos similares a los de Stallman, pertenecientes a un recurso común; en lo que respecta a los productos que se generan a partir de tales ideas, cualquier autor debería tener la posibilidad de decidir de qué manera quiere compartirlos, en vez de que el gobierno y el mercado decidan por default que toda producción debe ser “protegida” con un modelo particularmente restrictivo de copyright.

Volviendo a sudamérica, el movimiento de cultura libre ha tenido su propia vida en esta región. Hay que decir, no obstante, que la penetración que ha tenido en los proyectos gubernamentales es mucho menor que la que ha tenido el movimiento de software libre. Entre los espacios en los que estas otras formas de libertad y acceso al conocimiento son más visibles, destacan la organización Creative Commons y la fundación Wikimedia, ambos organismos internacionales que tienen organizaciones locales en la mayoría de los países sudamericanos y que se caracterizan por defender, cada cual desde su nicho, la libre circulación cultural y el acceso al conocimiento. Por otra parte, vimos ya que dentro del “paquete” del software libre y la soberanía tecnológica hay iniciativas gubernamentales que están abriendo la discusión hacia sectores como la educación básica y el acceso a la información pública, aunque esto no compensa la extensa transformación que podría darse si las libertades del código se aplicaran de manera sistemática en distintos espacios de la cultura que todavía tienen poca presencia dentro de los proyectos políticos de las naciones que hemos incluido en nuestro análisis.

Ya que estamos mirando hacia las limitaciones y carencias de las políticas de libertad social que desde la perspectiva propuesta están teniendo lugar al interior de dichos gobiernos, es importante mencionar un hecho que, por obvio que parezca, no puede faltar en un balance sobre la implementación sudamericana de los principios del software libre. Nos referimos al hecho de que las leyes y los decretos presidenciales, aunque tienen un efecto positivo sobre la recepción y opinión de la ciudadanía en este terreno, no necesariamente se traducen en acciones concretas o, dicho de otro modo, no son necesariamente respetadas por las instancias que deberían acatar las leyes. Existe, ciertamente, resistencia por parte de empresas e instituciones que están acostumbradas al software privativo o que se ven directamente beneficiadas por su utilización, y que por ende se verían afectadas si migraran. Aunque en las agencias de administración pública que dependen directamente de la presidencia puede ser más fácil garantizar la migración efectiva, en instituciones como escuelas o instancias de gobierno local esto es más difícil de controlar. Además, hay que preguntarnos hasta qué punto todas estas iniciativas seguirán teniendo fuerza una vez que los gobiernos de los presidentes específicos que las apoyan finalicen, sobre todo si llegara a quedar en el poder la oposición. El caso de Brasil y de Venezuela, que hoy en día tienen jefes de Estado distintos a los que iniciaron estas reformas, ha logrado una continuidad en este asunto, pero ambos sucesores pertenecían al equipo del gobernante anterior. Hay que aceptar, por otro lado, que a pesar del avance que desde las altas esferas gubernamentales se ha tenido, esto no se ve todavía reflejado en una aceptación y preferencia masiva de la ciudadanía hacia esta alternativa informática. De modo que podemos tener diversas oficinas funcionando con software libre, pero millones de personas tienen en sus computadoras personales, en sus teléfonos celulares, en sus ipods e incluso en sus relojes, sistemas operativos y aplicaciones privativas que son las que verdaderamente determinan el impacto social que la tecnología tiene en los usuarios de una determinada nación. Y por si fuera poco, regresando a nuestro cuestionamiento sobre la posibilidad de aplicar los principios de la compartición libre a otro tipo de ámbitos culturales, hay que admitir que si en el caso del software han habido, a pesar de todo, importantes y reconocibles avances, en campos en los que la tecnología sigue estando condicionada por la producción estadounidense y/o europea es mucho más difícil visualizar un progreso significativo.

Por todas aquellas razones, es importante decir que, aunque el tema de esta reflexión ha sido la incorporación del software libre -y más marginalmente de la cultura libre- a las políticas de Estado, el verdadero cambio que podría darse en este campo tendría que venir de la base social, esto es, de la ciudadanía, y no de los gobiernos que al final de cuentas son siempre transitorios y están inmersos en una red de intereses, conflictos y puntos de vista encontrados. El movimiento de software libre nació como una iniciativa ciudadana, y así se ha mantenido desde su surgimiento hasta la actualidad, y el hecho de que muchos gobiernos estén adoptando sus principios y herramientas no debería hacernos olvidar su carácter social “de base”, sino acaso abrirnos puertas en las que somos los activistas, las organizaciones civiles, y sobre todo los ciudadanos “comunes corrientes”, quienes podemos hacer la diferencia migrando hacia sistemas de producción y de consumo más libres y solidarios. Lo anterior nos lleva a una pregunta que, aunque no ha sido central en nuestro escrito, en el fondo es la más importante para nuestros argumentos: ¿qué beneficios obtiene la ciudadanía, es decir, las personas y colectivos que habitan en un país determinado, de las políticas de software y cultura libres que han tomado sus respectivos gobiernos?

Comenzamos este artículo refiriendo a una reciente ley de telecomunicaciones en México que sirve como contra-ejemplo para responder a la pregunta anterior. Si hemos dicho ya que la implementación gubernamental de software libre fortalece la soberanía de una nación, igualmente podemos decir que su utilización por parte de la ciudadanía puede brindar autonomía, privacidad y seguridad a las personas o grupos que dependen de la tecnología digital para sus actividades cotidianas. Mientras que la ley mexicana demanda la vigilancia masiva y la retención legal de datos personales, existen diversos programas que facilitan a los usuarios la protección de su información y la privacidad en sus comunicaciones personales; por otro lado, el hecho de tener acceso al código de las aplicaciones y los sistemas operativos abre la posibilidad de que las organizaciones, empresas, escuelas, etc., los adapten a sus propias necesidades y los configuren para que sus datos privados se encuentren resguardados. Es importante recordar en este punto que, para que un software se considere efectivamente libre, es imprescindible que nadie pueda restringir su utilización, compartición y modificación, por lo que los gobiernos que lo implementan no tendrían facultad de privar de tales derechos a sus ciudadanos. Está de más decir que estas consideraciones pueden perder aplicabilidad ya sea por la corrupción o negligencia tanto por la parte gubernamental como por la civil, pero el hecho de que las leyes que se mencionaron antes favorezcan la privacidad y autonomía de la ciudadanía genera por lo menos un marco de legalidad que puede ser defendido cuando tales derechos sea violentados. En términos jurídicos, este proceso es contrario al que se generó con la ley de Telecomunicaciones en México, al brindar ésta un marco legislativo para que la privacidad y soberanía ciudadana sean negadas.

El momento histórico en el que nos encontramos se caracteriza por una fuerte tensión entre quienes ven en las tecnologías digitales un medio para la libertad y la autonomía, y quienes ven, por el contrario, la posibilidad de fortalecer con éstas el control, la dependencia y la vigilancia masiva. Obviamente éste es un debate que tendría que tomar en cuenta una larga serie de elementos, entre los que el uso de software libre es sólo uno. Pero es un elemento particularmente útil para entender los riesgos y las potencias que dichas tecnologías tienen, y uno cuya aplicación ha tenido especial impacto entre los gobiernos progresistas de América Latina, y también entre muchos colectivos y personas que trabajan en éste y otros territorios.

Códigos Obsesos V.2.O: Contribución al Grupo 17 de Sistema Poliedro

Esta entrada está dedicada a presentar el primer fragmento de la pieza colaborativa que se está desarrollando dentro del Grupo17 del Sistema Poliedro. Al mismo tiempo, este fragmento constituye la versión 2.0 del proyecto “Códigos Obsesos“.

El siguiente es un video de esta pieza/fragmento, donde se puede ver en funcionamiento el patch de PureData en el que se realizó la pieza.

Como parte de las consignas que los miembros del grupo establecimos por consenso, se decidió trabajar con el concepto de las máquinas autómatas. Por otra parte, la consigna principal de “Códigos Obsesos” es generar remezclas de una serie de fragmentos que se encuentran colgados en la página del proyecto, teniendo la retroalimentación como un punto de partida. Siguiendo estos objetivos, el proceso que seguí para realizar esta pieza/fragmento fue el siguiente:

1.- Tomé ocho de los trece fragmentos que constituyen en “código fuente” de Códigos Obsesos. Específicamente tomé las partituras de los fragmentos, y no el audio.

2.- Edité cada partitura con un editor de imágenes (GIMP), jugando con los tamaños, los colores y la forma de los vectores.

3.- Mediante un proceso de Data Bending, utilicé un editor de audio (Audition) para convertir los datos brutos de las imágenes en sonido. Decidí utilizar este recurso, pues me pareció que era una manera autómata de generar un proceso de sinestesia: la máquina, leyendo información en bruto, re-interpreta automáticamente información de un formato a otro, generando sonido a partir de los datos de una imagen.

4.- Adicionalmente (y reivindicando con ello la dimensión humana del proceso), realicé algunos procesos de edición sobre los archivos de audio que fueron generados a partir del Data Bending. Además, ya que tenía los ocho fragmentos, hice dos fragmentos adicionales derivados del séptimo de los anteriores, con lo que quedaron diez fragmentos de audio en total.

5.- Utilizando el software y lenguaje de programación Pure Data, construí una máquina autómata para remezclar los diez fragmentos mencionados. Esta máquina está inspirada en el funcionamiento por engranes de los relojes, en el sentido de que los engranes van moviendo otros engranes conforme se van desplazando, y de esa manera se activa el mecanismo completo de una máquina que a fin de cuentas no hace más que dejar una huella concreta y perceptible del abstracto transcurrir del tiempo.

6.- Teniendo la máquina construida, lo que hice fue diseñar un “recorrido” específico para el funcionamiento del sistema.

7.- Teniendo la máquina construida y el recorrido diseñado, la música se genera de manera automática, tal como se puede observar en el video anterior.

El audio resultante del autómata, así como el patch de Pure Data, pueden descargarse de la siguiente página: https://archive.org/details/PoliedroJorgeDavid

Para terminar, la siguiente imagen muestra cómo quedaron los ocho fragmentos tomados de las partituras de Códigos Obsesos:

collage

Databending: hacia la libertad y ocio de las computadoras

Neural Xólotl, de Armstrong Liberado, nos comparte un buen ejemplo de arte libre.

to hear that which without the computer could not be heard;
to think that which without the computer could not be thought;
to learn that which without the computer could not be learned . . .”
 
Hay veces en que observo a mi computadora y siento lástima por ella. Está ahí, esclavizada a mis dedos, a mis deseos u obsesiones, no puede encenderse por sí misma, ni seguir sus propios intereses una vez que se enciende, es tan triste que no tenga la posibilidad de volverse loca. Sin embargo, somos una entidad interdependiente, donde quizá yo dependa más de ella que ella de mí, y eso es trágico, saber que necesito tanto a alguien que no me necesita: la más pura esencia de toda tragedia amorosa, cuyos finales ya quizá hemos leido o visto en filmes.
 
Por lo anterior es que a veces decido darle algo de libertad…

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