No: nadie dijo sonidos en resistencia

Cuando se publicó el artículo de Jorge David ¿Alguien dijo sonidos en Resistencia?, llegaron algunos comentarios muy valiosos. Entre éstos, llegó el siguiente texto que he querido transcribir en una nueva entrada del Instante de Sísifo, dado su alto grado de provocación y polémica. Esperamos que esta provocación detone nuevos comentarios, polémicas e intervenciones, y esperamos próximamente una réplica de JD hacia los ruidos de Neural Xólotl. Atte: Sísifo.


Del patriarcanoise…

El ruidista es esa persona cuyo anhelo estético rebasa todos los esfuerzos de mi comprensión limitada. Resisten, son subversivos, políticamente incorrectos, buscan dislocar algún orden, y un tremendo etcétera lleno de a(i)lusiones político-filosóficas posmodernas. Al parecer refugiado en la genial obra de Attali, pero apegado al hacer callar, hacer creer y hacer olvidar. Hace callar al no permitir que las voces de quienes le escuchan se escuchen a sí mismas, o bien que se levanten voces polémicas sobre su visión estética, violan el derecho de habla y opinión, destruyen lazos comunicativos. Hace creer su statement mientras emplea tapones para sus oídos, hace creer que se presencia un acto que lo distinguirá por siempre de las tradiciones sonoras y que provoca tremendo caos. Hace olvidar el terror del ruido y lo encajar a oídos de personas cuyo desconcierto es directamente proporcional a su aburrimiento oscilante.

Las acciones ruidistas ocurren junto a una minoría que calla, que se disgrega, no se tocan, no se miran, pudor a todo lo que da mientras la mirada se recrea en las contorsiones y corporalidad d-el/la ruidista, si acaso, la parte más impactante de su performance, porque sin ese cuerpo poseído por la excitación corporal que da el ruido desenfrenado, el acto sería aún más insufrible. Y dicho acto corporal entretiene a la audiencia y los obliga a hacer a un lado el bostezo y emplear unas cuantas dosis de buenas drogas para fugarse de esa realidad atroz que propone Don Ruido, justo como el Sr. Presidente de la República. Al igual que el patriarcado y el autoritarismo, la práctica ruidista impone a sus habitantes formas de pensar y sentir desde la sugerencia de una salvación del tormentoso pop, del ingenuo rock y del irrisorio folclor.

Su justificación ruidista llega incluso al punto científico, apegándose al uso de psicoacústica, menciones psicofisiológicas, nodos, antinodos, reverberación, experiencia y todo un set de saberes que complementan su estética. Hipnotizados por la justificación cientificista, también mero pretexto, aturden a quien les escucha con palabras codificadas, una especie de actitud tecnócrata. Digamos que llegan a ser la mejor acepción de chingonesen el sentido más laberinto-de-la-soledad-Octavio-Paz que se me ocurre.

Poca gente asiste a sus eventos, pero aún así hacen lo que traen en mente y comienzan sus composiciones instantáneas, justo como el Sr. Presidente se sienta a mandar incluso con las más drásticas tasas de abstencionismo electoral. Igualmente, la persona ruidista ataca a personas inocentes, que no tienen mayor responsabilidad en la creación de su ruido, y aún así ejerce ese ataque sonoro sobre víctimas aunque él/ella siempre protegido/a de antemano, formas del imperialismo más grosero pues, en vez de desquitar su furia con quienes la han provocado, prefieren hacerlo con personas que no les deben nada. ¿Y el papel de las mujeres? Desconozco, aunque les encantan los gemidos de mujeres teniendo sexo, mas no de hombres, heterosexismo a todo lo que les puede brindar su tendencia patriarcal.

Por último, generan discursos diplomáticos con palabras como“desdoblamiento de la escucha”, “accidentes afortunados”,“dislocación/ subversión/ transgresión”,“diálogo-improvisación-inquietud”, para hacer creer que su acto debe de ser tomado en serio pues para mí, la estética noise es un chiste sórdido contado al volumen de la ininteligibilidad. En este sentido diplomático del noise, no sé si en el mismo ocurran los fenómenos de corrupción, compadrazgo y etcétera que ocurren en el totalitarismo, pero lo que sí es su burocracia no en papel sino sonora. No puede obviarse que el público, los/as artistas y los lugares de presentación se repiten una y otra vez, un fenómeno que se da en llamar “acarreados” en las cuestiones totalitarias, pero que en la estética noise lo ven como afortunado y genial: típica esquizofrenia del autoritarismo al hallar virtudes en sus defectos detestables.

Por último, creo que la estética noise surge como el ruido en el recién nacido al separarse de su madre, cuando éste escucha por primera vez el movimiento de sus vísceras, desconcertado hasta aterrarse por ese dolor que surge de su interior hasta que estalla en llanto, primeras experiencias sonoras y nociceptivas, emerge de una necesidad visceral y enmudecida en estos/as artistas, una necesidad desde ese dolor acallado por la represión en el sentido más freudiano. La obra de Merzbow o Massona produce en mí un recuerdo de eso primal, esa memoria del ritual y el sacrificio, pero no sé si esa sea su intención, ayudarme a recordar el terror infantil y liberarme de esas ataduras a lo inconsciente.

En fin, la estética noise viola el ideal de Attali: “(…) la subversión (…) tocar por el otro y para el otro, entrelazar los ruidos de los cuerpos, escuchar los ruidos de los otros a cambio de los propios (…) cuando dos personas se deciden a emplear su imaginario y su deseo, todo ruido es relación posible, orden futuro”.

Atte: Neural Xólotl

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One thought on “No: nadie dijo sonidos en resistencia

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