El Síndrome Midas

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¿Qué crea la Economía Creativa?

El siglo XXI nació con una consiga: las ideas son el principal motor de la economía  global.

Si el siglo anterior apostó por la industria y la producción de objetos de consumo masivo, hoy en día existe una extendida  desmaterialización del mercado y una apuesta consecuente hacia el mundo  de lo intangible. La información y la cultura son los dos grandes bastiones de este nuevo ideal de desarrollo que ha dado por llamarse Economía Creativa. Ya no son brazos atlánticos los que se requieren para operar las máquinas que mueven el universo, sino mentes ateneas, frescas e incansables que trabajan en conocer, imaginar y vender sus novedosas elucubraciones.

El  mundo del arte, que por su propia naturaleza trabaja con las ideas y la producción inmaterial, se ha visto especialmente afectado por este cambio de dirección en los paradigmas económicos del mundo. Si hace  apenas unas décadas los artistas éramos considerados como personas marginadas -los artistas éramos los locos, los distintos, los  incomprendidos-, de un tiempo para acá la situación se ha transformado sensiblemente. En México, por ejemplo, el gobierno de Salinas de Gortari inauguró por decreto presidencial el CONACULTA, órgano federal que desde 1989 administra el presupuesto nacional  para la cultura y las  artes, el cual ha dado lugar a importantes programas de becas, estímulos, coinversiones y, en el centro del abanico, a un sistema nacional de creadores que representa el corazón de la clase creativa mexicana.

Evidentemente, y a pesar de los recortes presupuestales que año con año tienen lugar para éste y otros sectores, existe una conciencia de que el arte y la cultura reditúan en el progreso económico del país; por supuesto, esto desde la concepción particular de progreso y desarrollo que caracterizan a los programas  políticos vigentes: una noción que privilegia la privatización, el individualismo y la alianza empresarial, que entre otras cosas ha generalizado, aunque a veces de una manera enmascarada, la mercantilización de las ideas y la exclusión de todas las expresiones culturales que no responden a la lógica de producción que nace, crece y se reproduce en el centro político y financiero de la nación.

No obstante, el impulso y centralización que ha tenido el arte a partir de las llamadas economías creativas no sólo ha traído como consecuencia la mencionada mercantilización de lo inmaterial, sino que también ha abierto espacios de creatividad que tienen efectos positivos. Al mismo tiempo de que los programas gubernamentales se han aliado con la iniciativa privada para ejercer un control casi total sobre las prácticas artísticas de México, han permitido que muchos artistas trabajen en un marco de libertad expresiva sin presiones económicas y que tengan recursos para crear, viajar e informarse, entrar en contacto con colegas de prácticamente todo el mundo y generar encuentros, festivales, muestras, etc. que diversifican la oferta cultural principalmente en las ciudades. Estos privilegios, sin embargo, lejos de ser una puerta hacia la libertad incondicionada, constituyen un contrato que los artistas deberíamos reconocer antes de regodearnos acríticamente en un derecho autoasumido.

En el colmo de la paradoja, se ha puesto de moda incentivar proyectos que defienden lo “alternativo” y que critican al sistema desde su propio corazón, financiados por el mismo, confiados en que las palabras y contenidos artísticos son independientes de los medios de producción que los sustentan. Porque el problema no es sólo querer sobrevivir en un mundo centralizado, ni querer hacerse un nicho al interior de un espacio totalizante que exige la “creativa filiación” para poder acceder a ciertos beneficios, sino también pasar por alto las condiciones que esto implica.

La “inteligencia superior”, decía Scott Fitzgerald, se caracteriza por ser capaz de mantener en la cabeza verdades contradictorias y seguir funcionando. Sin embargo, reconocer la contradicción y tomar decisiones a partir de tal reconocimiento puede hacer la diferencia entre la Economía Creativa y la creatividad económica en el arte…

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